VIDA SURGE ENTRE CENIZAS
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y por medio del pecado la muerte, así la muerte pasó a
El profeta Elías, uno de los mas grandes varones de DIOS que podemos encontrar en La Biblia, saboreó muchas veces el dulce fruto de la victoria, pero también probó en varias ocasiones la miel amarga de la derrota. Hagamos memoria…Elías estaba en el Monte Carmelo luchando contra los baalitas, en esa ocasión se encontraba enredado en una contienda de milagros con los profetas de Baal, y era el único profeta de DIOS contra cuatrocientos cincuenta de ellos.
Entonces clamó al SEÑOR por ayuda, quién no tardó en responderle y en darle una gran victoria.
Pero para asombro de muchos en el mismo libro de Reyes, pero tan solo un capítulo mas adelante, nos encontramos al mismo Elías sentado bajo un árbol de enebro deseando su muerte: ” Oh Señor, quítame la vida”
(1 Reyes 19:4)
Sin duda esta historia no fue un hecho aislado. Durante todas las épocas han existido grandes hombres de DIOS que se han visto involucrados en situaciones semejantes a la que vivió Elías, en la cual pasó de la victoria a la derrota en solo unas cuantas horas.
Pero lo que me parece alarmante es la gran habilidad que han desarrollaron muchos cristianos modernos para olvidar las victorias que el SEÑOR les a entregado unos minutos atrás.
Hay quienes se deprimen y desaniman demasiado rápido cuando se presentan adversidades comunes de la vida cotidiana, entonces…Cuánto mas susceptibles estarán cuando el enemigo los ataque con problemas mayores?. Debemos estar siempre atentos pues precisamente esto es lo que son “Ataques del enemigo sobre nuestras vidas”, que intentan llamarnos la atención para que olvidemos todo lo bueno que el SEÑOR ya ha hecho en nosotros.
Y si en estos momentos, te encuentras como se hallaba el profeta Elías, bajo tu propio árbol de enebro, te aconsejo que no centres tu atención en los problemas presentes, sino en las victorias que el SEÑOR ha entregado en el pasado, y en las que te entregará en el futuro.
Amado SEÑOR, gracias por estar con nosotros. Eres el mismo de ayer y lo seras por siempre. Gracias por las alegrías que nos han traido las victorias y el dolor que han dejado las derrotas. Gracias por que tus planes siempre son mejores que los de nosotros. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
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